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Una Última Carta

11 Ago

La siguiente es una carta de un hombre que editó bien su vida:

Estimada Cristina: Ayer recibí una misiva de tu abogado donde me invitaba a enumerar los bienes comunes, con el fin de comenzar el proceso de disolución de nuestro vínculo matrimonial. A continuación te remito dicha lista, que como verás, la he dividido en dos partes. Básicamente, un apartado con las cosas de nuestros cinco años de matrimonio con las que me gustaría quedarme y otra con las que te puedes quedar tú.

COSAS QUE DESEO CONSERVAR: -La carne de gallina que salpicó mis antebrazos cuando te vi por primera vez en la oficina. – El leve rastro de perfume que quedó flotando en el ascensor una mañana, cuando te bajaste en la segunda planta, y yo aún no me atrevía a dirigirte la palabra. – El movimiento de cabeza con el que aceptaste mi invitación a cenar. – La mancha de rimel que dejaste en mi almohada la noche de bodas, cuando por fin dormimos juntos. – La promesa de que yo sería el Único que besaría la constelación de pecas de tu pecho. – Las gotas de lluvia que se enredaron en tu pelo, en medio de tus carcajadas, durante nuestra luna de miel, mientras subíamos al tren. – Todas las horas que pasamos mirándonos, besándonos y hablando. También me quedaré, si no te molesta, con las horas que pasé simplemente soñando o pensando en ti.

COSAS QUE PUEDES CONSERVAR TÚ: – Las cenas en silencio, interrumpidas únicamente por el ruido de los cubiertos, porque ya no tenías nada para contarme. – Aquellos besos obligados que me dabas, cuyo ingrediente principal era la rutina. – El sabor agrio de los insultos y los reproches. – La sensación de angustia al estirar la mano por la noche para descubrir que tu lado de la cama estaba vacío, porque te quedabas hasta tarde navegando en Internet o hablando con tus amigos ocasionales en Facebook. – Las náuseas que trepaban por mi garganta cada vez que notaba un olor extraño en tu ropa. – El cosquilleo de mi sangre pudriéndose cada vez que te encerrabas en el baño a hablar por teléfono. -Alan y Cecilia… Los nombres que nos gustaban para los hijos que nunca llegamos a tener. Con respecto al resto de objetos que hemos adquirido y compartido durante nuestro matrimonio (el automóvil, los muebles, la casa, etc) solo quiero comunicarte que puedes quedártelos todos. Al fin y al cabo sólo son eso… objetos.
Afectuosamente, Roberto.

Esto es obra de al ficción no tan alejado de muchas realidades. Espero que tu matrimonio no termine de tal forma, como la incalculable cifra de fracasos del continuo presente. Ama y esfuérzate en ello, como la primera vez, una y otra vez.

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Publicado por en 11 agosto, 2012 en Grafía, Grandioso

 

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