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Conquistaremos el mundo, Pinky!

18 Mar



Cuando escucho frases que hablan de “estar ante multitudes” como si se tratara de alzarse con un Oscar de la academia de Hollywood, me doy cuenta que tal vez haya un concepto que algunos mal interpretaron o que por lo menos se saltearon la parte mas importante del proceso.

En algún punto los líderes cargamos cierta responsabilidad. En ocasiones la premura de un mensaje de cuarenta y cinco minutos durante un congreso, o simplemente la arenga en un servicio: “Que Dios cumpla tus grandes sueños!”, pueden llegar a confundir a las personas sin son aplicadas fuera de contexto, esencialmente a aquellos que esperan tomar identidad prestada del ministerio al que aspiran llegar.

No podemos pretender llegar a la cima ahorrándonos el trabajo de escalar la montaña. La búsqueda intensa de Dios, el precio de sembrarlo todo (en ocasiones hasta las finanzas y los bienes personales) y el deseo que Dios nos utilice en dónde El considere que pueda hacerlo, son condiciones determinantes para que un sueño o una visión pueda ser alcanzada, de otro modo, corremos el riesgo que solo se trate de un mero proyecto personal.

Hace unos años atrás conocí a un líder prometedor en términos ministeriales. Tenía cierto grado de carisma, lo que parecía un llamado claro y enfocado hacia los jóvenes y se las ingeniaba para hacer eventos en donde mezclaba la música de distintos géneros con la predicación. Su único “talón de Aquiles” era un notorio deseo de estar haciendo algo “majestuoso e insuperable”. En lo personal disfruto mucho la comunicación efectiva y conozco aquello que las agencias de prensa llaman“branding”, que no es otra cosa que el posicionamiento de una marca a través de una buena campaña de promoción dirigida a un público cautivo o un slogan pegadizo, pero en este caso no se trataba de una simple promoción publicitaria, sino que la motivación del muchacho era demostrar que estábamos ante un nuevo concepto en materia de liderazgo, superando todo lo conocido hasta la fecha y en ocasiones, hasta subestimando la manera en que otros lo habían hecho.

Y lo mas triste, es que luego de cada evento aparecían las gacetillas de prensa infladas con números ficticios donde contaban como “toda la historia” de un país había cambiado a partir de su evento o como los continentes enteros pedían a gritos que su ministerio pasara por su país. Me remontaba a dos simpáticos personajes de la Warner que solían decir:

–       Dime, Cerebro, qué haremos mañana?

–       Lo de siempre Pinky… conquistaremos el mundo!

Lo cómico de la frase no era el deseo de conquistar la tierra, sino que se trataba de dos simples ratones blancos de laboratorio, jugando a ser los grandes líderes del nuevo orden mundial.

Cada vez que lo recuerdo siento pena en lo profundo del corazón. Porque era uno de los líderes que pudo haber continuado con la noble tarea que otros comenzaron, pero su deseo por ser el mejor, por ganar en los números o en ocasiones por desacreditar el trabajo ministerial de sus colegas o quienes lo precedieron, terminaron por marginarlo a la zona gris del ministerio, aquel lugar donde quedan los que pudieron ser.

Actualmente sigue organizando eventos y contando dedos en vez de gente.

Solo que ha perdido su credibilidad, nada menos que el principal crédito que puede tener un líder íntegro.

 

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Publicado por en 18 marzo, 2011 en Gracioso, Grandioso, Guía de Vida

 

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